
Habitando en la Distopía
Proyecto Gribov | 2019
Esta obra cobra cuerpo visible poco tiempo después de mi regreso a Uruguay, tras vivir quince años en el exterior. Es mi primera muestra individual en el país. Para esta muestra trabaje con el acompañamiento curatorial de Jacqueline Lacasa. Se trata de un momento fundacional: una bisagra entre mi recorrido como arquitecta y mi devenir como artista visual, donde se consolida una forma de trabajo interdisciplinar que hasta entonces había pulsado de manera tímida y disgregada.
Parto de una investigación autobiográfica, una exploración de mis raíces y de mi lugar en el mundo a través de la práctica artística. Desde esa búsqueda, doy forma a una instalación y una escultura que combinan saberes ancestrales y científicos para ensayar otras formas posibles de habitar en contextos de colapso o distopía. La obra emerge como un dispositivo de percepción y afectación, donde espacio, cuerpo, luz, escala y materia se articulan con una presencia y claridad inusitada para mí.
La muestra se despliega en dos niveles del Museo de Artes Decora0vas (Palacio Taranco), cada uno con una intervención que transforma la percepción del entorno e invita al espectador a realizar un tránsito sensible. En el nivel superior, un sistema de formaciones orgánicas aglutinadas —hechas en papel— se agolpan y tensionan contra los planos rígidos del corredor, creando intervalos de veladuras suspendidas que oscilan sutilmente con el aire pasante de la sala. Estructuras mínimas generan una sensación de espacialidad flotante, como si la materia quedara suspendida en un momento de transformación. El espacio parece respirar, abrirse y cerrarse al paso o a la luz. Aquí, la luz no es solo iluminación: es materia que rebota, atraviesa, diluye la arquitectura.
Parto de una investigación autobiográfica, una exploración de mis raíces y de mi lugar en el mundo a través de la práctica artística.
En la planta baja, en el antiguo salón de baile, un único volumen blanco, blando y envolvente ocupa el centro. Esta escultura —también de papel trabajado manualmente— irrumpe en la simetría palaciega con una presencia ambigua: monumental pero liviana, irregular pero precisa, frágil pero firme. Su escala dialoga con el espacio sin competir, lo suaviza. El contraste entre la nobleza arquitectónica y la temporalidad del material activa una tensión productiva: no solo un choque visual o simbólico, sino una apertura hacia lo inesperado. La pieza no se impone, pero altera. Genera preguntas. ¿Qué narra0va construye un objeto a punto de evaporarse?
Ambas piezas (la de planta baja como la del primer piso) funcionan como experimentos de habitabilidad, no desde la lógica funcional, sino desde lo poético. Son construcciones eXmeras que hacen visible una arquitectura invisible: aquella del vínculo, la percepción, el cuerpo y el movimiento. Como en obras posteriores, se entrelazan lo escenográfico, lo instalativo y lo arquitectónico en una práctica donde las fronteras disciplinares se disuelven. Aquí se reafirma una forma de hacer que me acompaña desde entonces: el espacio como materia activa, la luz como forma, la escala como gesto político, la fragilidad como potencia.
Habitando en la Distopía marca un punto de inflexión no solo profesional, sino vital. Representa una reconciliación con la arquitectura, al permitirme habitarla desde un lugar expandido: no para resolver, sino para activar. Durante años me dediqué a una arquitectura funcional, enfocada en necesidades concretas. Esta obra inaugura otra dimensión, en la que el saber arquitectónico se desplaza hacia el arte para generar experiencias sensibles. La arquitectura deja de ser un programa para convertirse en lenguaje, gesto, atmósfera.
A partir de esta obra surgen líneas de investigación que siguen vivas hasta hoy: La relación con el espacio arquitectónico en el que la obra se inserta. Lo conceptual como matriz que guía las decisiones formales. El blanco como “lienzo” para imaginar otras realidades posibles. La tensión entre lleno y vacío, entre continente y contenido. La exploración de la materialidad desde lo orgánico, eXmero y delicado. El vínculo entre cuerpos y formas, entre narra0vas íntimas y arquitecturas públicas.
Este proyecto es semilla de múltiples piezas que nacen aquí de forma unificada y luego se despliegan como líneas autónomas. Conceptualmente, abre una dimensión que llamo habitabilidades suspendidas o tensionadas: volúmenes flotantes, frágiles pero contundentes, donde imaginar otras formas de vida. Tal vez por eso, más que una obra cerrada, la considero un portal. Un pasaje que sigue generando preguntas y habilitando otras formas de pensar, sen0r y habitar. Podría decir queHabitando en la Distopía abrió, y sigue abriendo, habitaciones para otras realidades posibles.
Uso aquí “habitaciones” en sen0do metafórico: como territorios poéticos, afectivos, simbólicos. Lugares donde algo puede ser sen0do o pensado de otra manera. No se trata de “cuartos” arquitectónicos, pero sí de espacios abiertos por la práctica, en los que el hacer deviene experiencia, y el arte, una forma expandida de habitar.
Hoy, a casi cinco años de su creación, puedo decir queHabitando en la Distopía: Sigue generando preguntas y abriendo nuevos sen0dos. Sigue proponiéndome distintas formas de habitar el pensamiento y la emoción. No se agotó en sí misma, sino que se desplegó como un campo fér0l de posibilidades.






